Con profunda fe y emoción, nos reunimos en nuestra amada iglesia de Aguas Calientes para celebrar un momento que quedará grabado en nuestros corazones: la restauración de la imagen del Divino Niño Jesús, nuestro querido patrono. Esta hermosa figura, símbolo de esperanza y amor, regresa a su altar con un brillo renovado que refleja no solo su belleza física, sino también la luz espiritual que irradia a todos nosotros.
Al ver su imagen restaurada, sentimos cómo la alegría y la serenidad invaden nuestros espíritus. La comunidad se une en un mismo susurro de gratitud hacia Dios por esta bendición, pues, más allá de la estética, esta imagen es un recordatorio de la fe que alimentamos en nuestros corazones. Cada detalle, cada color, cada gesto de este niño divino evocan el amor puro e incondicional que nos invita a vivir plenamente, a enfrentar nuestras adversidades con una sonrisa y a compartir nuestra esperanza con quienes nos rodean.
La presencia renovada del Divino Niño Jesús es un llamado a fortalecer nuestra unión como comunidad. Nos recuerda que, así como él ha sido restaurado, nosotros también podemos renacer en nuestras vidas, dejando atrás las cargas y los temores que nos alejan de la alegría auténtica. Que su imagen nos inspire a cultivar la bondad y el amor en nuestras acciones diarias, a ser portadores de paz donde quiera que vayamos.
Hoy, al levantar nuestras oraciones y canciones en honor a nuestro patrono, reafirmamos nuestro compromiso con la fe. Que esta celebración no sea solo un evento pasajero, sino el inicio de un camino lleno de esperanza, compasión y solidaridad. En cada mirada hacia el Divino Niño Jesús, que encontremos la fortaleza para seguir adelante, iluminando nuestro camino con el amor que él nos enseña.
Demos, gracias a Dios por esta maravillosa oportunidad de renovación y por la fe que siempre nos acompaña en la vida.

