MARIARA 2026 – Hay algo que no aparece en los presupuestos anuales ni en los informes de gestión, pero que se siente apenas se camina por los sectores de Mariara y Aguas Calientes: el retorno de la política del abrazo. En el municipio Diego Ibarra, la gestión de la Alcaldesa Lesbia Castillo parece estar rompiendo una barrera que durante años separó al despacho municipal del ciudadano común. No se trata solo de asfalto o luces; se trata de una presencia constante que ha convertido sus recorridos diarios en un termómetro social de alta sensibilidad.
Más allá del protocolo
Para quienes transitan las calles junto a ella o escuchan el murmullo de los vecinos tras su paso, la percepción es clara. Ya no es extraño ver una taza de café servida en un porche esperando su llegada, o una puerta abierta de par en par en las comunidades más humildes.
Este fenómeno, que algunos llaman «calor humano», se manifiesta en gestos que escapan a la gestión administrativa convencional:
La mirada en lo invisible: El enfoque de Castillo en los abuelos en situación de abandono y en niños que han quedado desasistidos por sus familias.
El oído en el territorio: Su dinámica de trabajo no se limita al escritorio. Los recorridos diarios le permiten detectar necesidades que no llegan por oficios, sino por conversaciones espontáneas en una esquina.
La autenticidad del afecto: La naturalidad con la que los niños se acercan a saludarla sugiere una confianza que no se construye con vallas publicitarias, sino con permanencia.
Un sentir que nace del pueblo
Al preguntar en las paradas, en los mercados o en las plazas, el testimonio de la gente coincide: «Hacía mucho que un Alcalde no se sentía tan cerca». Es una conexión que parece nacer del reconocimiento mutuo; el pueblo ve en ella a alguien que realmente desea mejorar el municipio porque le duele su realidad.
Esta forma de hacer política —menos rígida y más empática— ha logrado que el ciudadano se sienta parte de la solución. No es la figura de autoridad lejana, sino la vecina con responsabilidad de mando que acepta un plato de comida o un consejo con la misma humildad.
Transformando el Municipio desde el afecto
La gestión de Lesbia Castillo está demostrando que para transformar un municipio como Diego Ibarra, primero hay que conocerlo en sus capas más profundas. El bienestar social que hoy se respira en muchas comunidades es el resultado de una gestión que decidió cambiar la frialdad de las oficinas por el calor de los hogares diegoibarrrenses.
En Mariara, la esperanza tiene hoy un rostro familiar. Y más allá de las obras, lo que queda en la memoria de la gente es la certeza de saber que, por primera vez en mucho tiempo, hay alguien escuchando detrás de la puerta.

