Las tierras donde hoy se asienta Mariara fueron otorgadas en el siglo XVI al Capitán Francisco Martínez de la Madrid. Más tarde pasaron a la poderosa familia Tovar, quienes consolidaron enormes haciendas de cacao y caña de azúcar. Para la década de 1770, el "sitio de Mariara" ya albergaba más de 1.000 habitantes: indígenas, blancos criollos, negros esclavizados, zambos y mulatos que vivían en los márgenes de la quebrada. Su actividad económica y fervor religioso impulsaron la petición al obispado para tener su propia parroquia, independiente de Guacara.